Formas libres, liebres de la marcha, escritas en el cielo raso, pendulos danzantes en el horizonte. Se posan, se montan, se mojan. Suaves montañas de agua y de contorno, pincelan, plumean, burbujean, sólidas y abstractas, maceración de existencia blanda. Aspirada en el horizonte abierto, eres, la materialización de todas las cosas que pienso.
Pasajero tu dolor, aunque la llaga se haga piel, y la piel cicatriz. Un terreno baldío, donde podrás florecer, un instante que se estira por toda una vida. Espina o semilla, daga o pincel, el mareo o el baile, mar abierto: ¿cielo o suelo? Refracción de luz.
Mi cabeza está puesta en mi cuerpo pero mi antena está más allá. No la ves y tampoco ves su transmición ni su luz. Tal como una equilibrista, danzo entre estar enrraizada y a la vez ligera. Es un trueno, una raíz eléctrica lo que me conecta y me siembra con aquello que aún no conozco pero que siento en todas las capas de mi piel.
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