Una tarde de mucha lluvia y mucho ocio se sentó en el suelo con un libro grueso. Hora tras hora se dedicó a examinarlo con escrutinio. Y ahí, en el Diccionario de las Cosas que Quedan por Explicar encontró una página que le volvió loca. No lloró ni tampoco grito como nunca más volvió a ser una persona.
Liebres de la marcha
Formas libres, liebres de la marcha, escritas en el cielo raso, pendulos danzantes en el horizonte. Se posan, se montan, se mojan. Suaves montañas de agua y de contorno, pincelan, plumean, burbujean, sólidas y abstractas, maceración de existencia blanda. Aspirada en el horizonte abierto, eres, la materialización de todas las cosas que pienso.
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