Era martes y era septiembre cuando por primera vez habitaron la casa roja. Marcados por un extraño aire de familiaridad entraron y poco a poco se sumergieron en un mundo de polvo y oscuridad. Entonces, ya nada fue lo mismo. Se quebró todo lo estipulado. La seguridad llegó a su fin. La casa roja se los tragó vivos.
Liebres de la marcha
Formas libres, liebres de la marcha, escritas en el cielo raso, pendulos danzantes en el horizonte. Se posan, se montan, se mojan. Suaves montañas de agua y de contorno, pincelan, plumean, burbujean, sólidas y abstractas, maceración de existencia blanda. Aspirada en el horizonte abierto, eres, la materialización de todas las cosas que pienso.
Comentarios
Publicar un comentario