Al niño de la luna menguante me encomendé sin saber que me llevaría siempre a dónde ya ha estado. Y yo, niña de las cosas que no se quedan, me senté a su lado a ver su vida pasar otra vez.
Liebres de la marcha
Formas libres, liebres de la marcha, escritas en el cielo raso, pendulos danzantes en el horizonte. Se posan, se montan, se mojan. Suaves montañas de agua y de contorno, pincelan, plumean, burbujean, sólidas y abstractas, maceración de existencia blanda. Aspirada en el horizonte abierto, eres, la materialización de todas las cosas que pienso.
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